SALUTACIÓN PARA MARIANA I, REINA DE LA NUEVA CASA DE COLIMA, A.C.

SALUTACIÓN PARA MARIANA I, REINA DE LA NUEVA CASA DE COLIMA, A.C.

 

Frente a la belleza, las palabras ceden su espacio a la contemplación. El alumbramiento, la fertilidad, el arrobamiento que produce el sentirse deseado, han creado mitos en todas las culturas. Los mitos y las historias que se tejen a su alrededor definen la sabiduría colectiva de los pueblos.

 

Los hombres de Anáhuac, tan cercanos a los misterios de la vida, tan dispuestos a amarrar los hilos de la trascendencia, concibieron un eterno femenino bien enraizado en el mundo de los dioses. Con su palabra hicieron flor y canto del rostro de la mujer. Por eso, a la poseedora de la fertilidad, diosa y reina, dadora de la vida, iluminadora del camino, se le entonan himnos y se le recitan poemas que brotan de la tierra embalsamada, pródiga siempre.

 

Mujer, faldellín de estrellas y de jades, flor preciosa, mariposa de obsidiana, señora de la dualidad, rostro femenino de dios.

 

Señora de belleza infinita, plumaje de quetzal, flor de maíz tostado que sabe lucir sus guirnaldas. Señora Coatlicue y señora Tonantzin, en quienes la realidad entera se acoge en su regazo, en donde surgen los orígenes cósmicos, y se enlazan llenos de grandeza los principios y los fines, en donde la vigilia y el ensueño dan paso a la vida. Coatlicue confiere al universo/cuerpo de mujer. Todas las estrellas se llenan de sensibilidad, de recibimientos y de bienvenidas.

 

Estamos aquí en la tierra para gozar el sol y el viento, la tierra y la miel, el maíz y los frutales, para beber de las flores y de los aguamieles y de la generosidad. No hay mejor atributo que la vida, fuente inagotable de todas las bellezas y de todos los disfrutes. Sentirnos vivos es el mayor. De los portentos. Seamos adoradores de la belleza de la vida y de todo lo que la rodea; caminemos, en este universo fecundó y prometedor, con la consigna de encontrar lo que somos y lo que queremos ser.

 

Con este espíritu que surge de la inmensa riqueza de nuestra cultura mestiza, cuya dignidad se manifiesta en nuestra piel y en nuestra mirada de hombres de provincia, en nuestras palabras cálidas y en la rectitud de una

 

Conciencia hilvanada de confraternidad y aprecio, saludo a Mariana I, reina de los colimenses, símbolo de convivencia, ramillete de virtudes y fantasías, espejo de los lazos que nos unen con la sabiduría inmortal de nuestros antepasados.

 

¡Salud a Mariana I, y a todos los colimenses de sangre y de espíritu aquí Congregados, muestra de la reciedumbre de nuestras raíces volcánicas y de Nuestro espíritu lleno de esperanza y de imaginación, de nuestra riqueza Cultural que nos identifica y nos engrandece!

 

                                                             POR FRANCISCO BLANCO FIGUEROA 9 DE DICIEMBRE DE 1995

 

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